Buscando mis raíces por Escocia.
El mes pasado fui a, como lo llamarían mis padres, conocer mis raíces. Tengo ascendencia escocesa por ambos lados. Ellos no aceptaban la idea de que estuviese a punto de cumplir los veintidós años y no conozca las tierras de mis ancestros etcétera, etcétera. A mi me encanta viajar, así que no me opuse. Decidieron también el dejarme ir sola, pero yo me las arregle para ir con mi mejor amiga Sandra. Ella compró su boleto, yo el mío y volamos hasta Escocia. Nuestro primer destino era la capital. Muchas de las edificaciones de Edimburgo parecen estar hechas de piedra. El cielo es bastante gris. Lo que da una atmósfera un poco lúgubre. Tomamos un bus de dos pisos que nos dio un tour rápido por la ciudad. Desde el segundo piso del bus se tiene una gran vista de la ciudad. Se observan las calles bastante parecidas entre sí. Pareciera que en cada esquina hay algún bar. En muchos bares hay hombres hablando y bebiendo en las puertas. Lo que me hizo voltear la mirada a ellos fue que algunos estaban usando falda. Se que es lo tradicional aquí pero no me deja de sorprender. El bus termina de recorrer la ciudad por dentro y sale a una zona más despejada. A lo lejos se puede ver el castillo de Edimburgo y muchas colinas. Me dijeron que una actividad que se practica mucho, es la caminata justamente a esas colinas. El tour termina y ya tenemos una ideas de cómo es la ciudad. Una vez de regreso al interior de la ciudad pasamos por un restaurante donde sirven Fish and Chips. El Fish and Chips es la comida rápida de Escocia. Consiste en pescado frito con harina y huevo acompañado por papas fritas. También sirven una salsa a base de sal y vinagre u otras más comunes como el ketchup. Otra forma de acompañar el fish n’ chips son los huevos encurtidos en vinagre. Todo este sabor intenso lo acompañe con una gaseosa dulce. Necesitaba algún sabor familiar. El hotel es un edifico angosto no muy fuera de lo común. Es bastante similar a las demás construcciones, exteriores de piedra gris, entradas con borde de madera, un poco angostas. Sin embrago, me alivia llegar ya que estoy muy cansada. Me tumbo en la cama y escucho a Sandra hablar una y otra vez de los guapos y hermosos que son los hombres en Edimburgo. Al comienzo me interesa un poco la conversación pero luego me aburre. Veo algo de televisión para ignorarla y me quedo dormida. Me despierto entrada la noche y veo que mi amiga esta en mi cama dormida también. No me molesta. Es una chica despistada y bien se puede haber quedado dormida en el suelo, le daría igual. La despierto. Me mira y le comento mi idea de ir a algún bar. Ella se levanta al instante y comienza a arreglarse. Una vez listas las dos solamente bajamos la escalera y caminamos unos pasos. Tenemos un bar prácticamente en el primer piso del edificio de al lado. Tomamos asiento en la barra. El bar tiene una baja iluminación amarilla. Casi todo esta hecho de madera pulida. La decoración tiene muchos motivos deportivos. Muchas banderas de diferentes equipos. Las copas cuelgan sobre nuestras cabezas y el mueble que se encuentra detrás del barman esta atiborrado de licores. Pedimos un par de whiskys para comenzar. Pasan quince minutos y un hombre escocés de cabellos rojizos y piel clara se sienta al lado izquierdo de Sandra, interrumpiendo nuestra conversación. Pide disculpas fingidas y comienza hablarle a mi amiga. A veces me meto en la conversación, pero no más de un minuto. Están como en una burbuja. Pasa una hora y aún nadie se sienta a mi lado derecho. Media hora más. Nadie todavía. Cuando ya tenemos tres horas en el bar, me doy cuenta que nadie se va a sentar a mi lado. La verdad es que Sandra estaba muy linda aquella noche. Quizás su escote capto la atención. Le digo que ya nos vamos y me suelta un sí a regañadientes. Los días siguientes hicimos una caminata a las tierras altas y visitamos Glasgow. Nunca sentí que encontraba mis raíces. Más bien me sentí como lo que era. Una extranjera en una ciudad maravillosa.
18/10/2007 17:12
