VIAJANDO A EXTREMADURA SIN ENTRAR EN EXTREMOS
Cuando uno viaja con la familia, el tenor del viaje varía sustancialmente, si usted tiene hijos debe saber a qué me refiero. Ya no es igual que viajar en compañía de amigos como en nuestra mejor época de solteros. En ese tiempo viajábamos casi con total despreocupación, salvo por el dinero que debíamos llevar y el conocimiento de nuestra ruta y a veces ni eso. Simplemente cogíamos mochila, la cargábamos al hombro y avanzábamos como hicieron los viejos pioneros del oriente. Ya cuando uno tiene bajo su cargo o responsabilidad a la familia, generalmente los viajes se vuelven más reposados y uno prefiere los destinos turísticos ecológicos o de reposo sobre las desenfrenadas ciudades y sus circuitos nocturnos que de hecho fueron el horizonte que teníamos cuando jóvenes. En ese sentido, recuerdo un viaje que hice hace dos o tres veranos atrás a la provincia de Extremadura. Era necesario hacer un poco de turismo ecológico y conocer esta región, casi al sur del país. Por otra parte, mis hijos y mi familia en general, colaboraron mucho con esta iniciativa pues siempre gustaron de los paseos al aire libre y las largas caminatas sobre áreas verdes. Los niños son inigualables, saben divertirse realmente con poco y como máximo exigen golosinas. Deberíamos aprender más de ellos. En fin, el hecho es que planeamos bien nuestra salida hacia esa región en épocas de verano.
Como dije, el tema de la responsabilidad me asaltó de frente y sin miramientos, ahora en lugar de escoger qué colonia iba a poner en la mochila para que me sirviera como arma de ataque en alguna discoteca de determinada ciudad, escogía un bloqueador solar con un buen factor de protección sobre el efecto de los rayos ultravioleta. Algo por encima del factor de protección 45, pues supe que en verano las temperaturas de la región podían llegar fácilmente a los 40 grados con un cielo despejado y como todos sabemos, el clima del planeta está poco menos que desecho y no me iba a poner a averiguar en ese momento si Extremadura era la excepción. Lo siguiente fue aprovisionarnos de una carpa grande que permitiera el abrigo de los cuatro miembros de la familia, además estaba el tema de las bolsas de dormir. Por su parte mi mujer se encargó de todo lo referente a la logística alimenticia pues mis límites previsores llegaban hasta allí únicamente. Había que llevar muchas conservas y pan en bolsa, golosinas para los chicos y latas de refresco. Por supuesto un cooler gigante era imprescindible para combatir el calor en los días que estuviésemos por allá. Cada uno veía por su muda de ropa a sabiendas del clima y cargamos todo en la parte trasera de la camioneta.
En marcha. Un viaje por el interior del país con la ruta previamente estudiada nos ponía en destino de Extremadura, llegamos un día a eso del mediodía y de frente nos fuimos a Mérida. Consideré que era una escala obligada pues necesitábamos un hotel cómodo donde hospedarnos al menos por el resto de ese día y la mañana del día siguiente. Si bien es cierto, los viajes a destinos abiertos y en campamento son fascinantes, no hay nada mejor que la comodidad de un hotel para darse una ducha. Ya antes lo había hecho y funciona bien, eso de viajar en campamento pero esperar a estar a tiro de nuestro destino para alquilar un hotel y darse una buena ducha antes de atacar la última parte del itinerario. Al día siguiente ya marchábamos a nuestro destino oficial, la Sierra de Gredos, un lugar que nos habían contado era muy apacible y donde podíamos hacer lo que más queríamos, acampar y pasear libres. En efecto, no se equivocaron, la región en sí tenía zonas con alturas de más de 2000 metros y en los que las áreas verdes estaban a la par de algunos nevados tímidos por la estación en que viajamos. Muchas lomas servían de pista perfecta para las caminatas que queríamos hacer, el aire era bastante puro, realmente se sentía la diferencia con los aires típicos de una ciudad modernizada e invadida por la tecnología y la bandera del combustible.
Fue una sabia decisión, los chicos retozaron en el verde de la zona junto a otros niños que viajaron también con sus respectivas familias, al parecer alentados por la búsqueda de paz y tranquilidad como nosotros. Pero lo más impresionante eran las lagunas de la región, donde nacían los glaciares. La Laguna Grande ubicada en el Circo de Gredos era de un azul celestial y una quietud paradisíaca y prometimos volver a la zona en época de invierno para gozar de la nieve en todo su esplendor.
Como dije, el tema de la responsabilidad me asaltó de frente y sin miramientos, ahora en lugar de escoger qué colonia iba a poner en la mochila para que me sirviera como arma de ataque en alguna discoteca de determinada ciudad, escogía un bloqueador solar con un buen factor de protección sobre el efecto de los rayos ultravioleta. Algo por encima del factor de protección 45, pues supe que en verano las temperaturas de la región podían llegar fácilmente a los 40 grados con un cielo despejado y como todos sabemos, el clima del planeta está poco menos que desecho y no me iba a poner a averiguar en ese momento si Extremadura era la excepción. Lo siguiente fue aprovisionarnos de una carpa grande que permitiera el abrigo de los cuatro miembros de la familia, además estaba el tema de las bolsas de dormir. Por su parte mi mujer se encargó de todo lo referente a la logística alimenticia pues mis límites previsores llegaban hasta allí únicamente. Había que llevar muchas conservas y pan en bolsa, golosinas para los chicos y latas de refresco. Por supuesto un cooler gigante era imprescindible para combatir el calor en los días que estuviésemos por allá. Cada uno veía por su muda de ropa a sabiendas del clima y cargamos todo en la parte trasera de la camioneta.
En marcha. Un viaje por el interior del país con la ruta previamente estudiada nos ponía en destino de Extremadura, llegamos un día a eso del mediodía y de frente nos fuimos a Mérida. Consideré que era una escala obligada pues necesitábamos un hotel cómodo donde hospedarnos al menos por el resto de ese día y la mañana del día siguiente. Si bien es cierto, los viajes a destinos abiertos y en campamento son fascinantes, no hay nada mejor que la comodidad de un hotel para darse una ducha. Ya antes lo había hecho y funciona bien, eso de viajar en campamento pero esperar a estar a tiro de nuestro destino para alquilar un hotel y darse una buena ducha antes de atacar la última parte del itinerario. Al día siguiente ya marchábamos a nuestro destino oficial, la Sierra de Gredos, un lugar que nos habían contado era muy apacible y donde podíamos hacer lo que más queríamos, acampar y pasear libres. En efecto, no se equivocaron, la región en sí tenía zonas con alturas de más de 2000 metros y en los que las áreas verdes estaban a la par de algunos nevados tímidos por la estación en que viajamos. Muchas lomas servían de pista perfecta para las caminatas que queríamos hacer, el aire era bastante puro, realmente se sentía la diferencia con los aires típicos de una ciudad modernizada e invadida por la tecnología y la bandera del combustible.
Fue una sabia decisión, los chicos retozaron en el verde de la zona junto a otros niños que viajaron también con sus respectivas familias, al parecer alentados por la búsqueda de paz y tranquilidad como nosotros. Pero lo más impresionante eran las lagunas de la región, donde nacían los glaciares. La Laguna Grande ubicada en el Circo de Gredos era de un azul celestial y una quietud paradisíaca y prometimos volver a la zona en época de invierno para gozar de la nieve en todo su esplendor.
22/01/2008 16:25
